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República Dominicana
Tras pasar 49 años en Estados Unidos, un dominicano regresó junto a su esposa a su tierra y convirtió un terreno cubierto de vegetación en un proyecto recreativo familiar.

Cuando comunicó su decisión de establecerse nuevamente en el país, algunos conocidos dudaron de que permaneciera y pronosticaron que regresaría al extranjero en apenas dos meses.
El dominicano explicó que sus planes eran distintos, pues había vuelto para trabajar junto a su esposa y desarrollar algo propio, una decisión que terminó dando forma a Paraíso Solymar.
Su historia migratoria comenzó cuando tenía alrededor de nueve años. Primero vivió durante siete años en Manhattan y posteriormente se estableció en Providence, Rhode Island.

Durante su permanencia en territorio estadounidense estudió, trabajó y aprendió diferentes oficios, experiencia que resumió recordando una frase de su padre: “Yo sé de todo un poquito”.
El proyecto familiar comenzó hace cerca de dos décadas, luego de adquirir un terreno lleno de árboles y vegetación. Su esposa propuso inicialmente utilizar el espacio para un campamento infantil.

La respuesta de las primeras familias motivó a la pareja a ampliar la propuesta con piscinas y actividades para adultos, transformando el campamento en un espacio recreativo.
Actualmente, Paraíso Solymar dispone de 14 habitaciones con distintas capacidades, incluyendo una preparada para alojar hasta 12 personas y otras destinadas a grupos menores.
El complejo puede recibir alrededor de 70 personas y cuenta con tres piscinas, cancha de baloncesto, espacio para voleibol y servicio de comida tipo bufé para sus visitantes.
En sus instalaciones también se realizan cumpleaños, reuniones familiares, bodas y encuentros de iglesias, con grupos religiosos procedentes de distintos puntos del territorio nacional.

El propietario desarrolló además la elaboración de figuras decorativas, una habilidad que aprendió por cuenta propia y que posteriormente llevó del trabajo con tijeras a piezas construidas con cemento.
El establecimiento mantiene normas destinadas a conservar su ambiente familiar, entre ellas restricciones al uso de hookah, vapeadores y objetos de protección personal dentro de las instalaciones.
En ese escenario, el proyecto continúa recibiendo familias y grupos en el espacio que la pareja desarrolló desde un terreno sin acondicionar hasta convertirlo en un complejo recreativo.